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No fue la historia sino el cierre de listas

El conflictivo cierre de listas en los frentes nacionales le dio la razón a Rovira y a la estrategia de la Renovación de participar de las elecciones nacionales postulando candidatos de Misiones sin atarse a candidaturas nacionales. Las listas digitadas desde Buenos Aires acentúan las incertidumbres, evidentemente los cambios estructurales se deben forzar desde las provincias. El centralismo porteño, ya sea desde el conservadurismo o las vanguardias progresistas, dice una cosa en los discursos pero siempre negaron al federalismo. Aplican la teoría del derrame del centro a la periferia. Sólo con actores propios las provincias podrán imponer un proyecto nacional de desarrollo e integración.
Lunes, 24 de junio de 2019. No fue la historia. No hubo que esperar tanto. Fueron los conflictivos cierres de listas para las Paso en los tres frentes nacionales que aspiran a gobernar la Argentina lo que le da la razón a Carlos Rovira y a la estrategia de la Renovación de participar de las elecciones primarias del 11 de agosto y de las generales del 27 de octubre con representación propia para diputados nacionales, sin candidato a presidente, respetando la composición del voto de los misioneros del 2 de junio.
Las previsibles imposiciones de Cristina y Peña y las sorprendentes de Lavagna en el armado de las listas para las Paso desnudan la vigencia de una concepción centralista en la toma de decisiones. Los tres Frentes con chances de llegar privilegiaron, desde la misma lógica, la nominación de candidatos que se integren como soldados de la causa a los bloques en el Congreso.
Las imposiciones, elecciones personales, ninguneos, saltos con garrocha, rencillas de peluquería, corrimientos de un lado al otro, resumen las pulseadas por los espacios desde la superestructura.
No es casual entonces que tanta sangría en el cierre de listas para las Paso siguió generando títulos centrales por tercer día consecutivo en los medios nacionales.
Por supuesto que Clarín y La Nación se enfocan, principalmente, en el armado de la lista del Frente para Todos para remarcar que Cristina Kirchner “manejó la lapicera” con su hijo Máximo y “ubicó a camporistas a la cabeza de las boletas de todo el país”. Además, aseguran que “en el peronismo quedó un tendal de heridos, como los intendentes del conurbano”.
Por supuesto que a la vez ocultan que la misma metodología, también apropiado de una lapicera, utilizó Marcos Peña con Vidal, para imponer candidatos confiables dejando afuera a la representación de los intendentes y de los armados del sector político, como Emilio Monzó, Rogelio Frigerio y el neo-cambiemita Miguel Pichetto.
La Cámpora y el macartismo 
Poner en consideración que Cristina impuso a gente de La Cámpora en todos los distritos por supuesto que, en la construcción del imaginario colectivo es macartismo puro en los medios concentrados. Pero, no deja de ser una realidad que tiene un objetivo en la construcción política que CFK inició durante su mandato colocando en cargos claves a militantes de la agrupación que dirige su hijo Máximo junto a Wado De Pedro. Si las elecciones de 2015 los encontró en mitad del río y en los dos primeros años de Macri se fueron diluyendo como grupo de poder, con la recuperación de las expectativas del Frente de Todos y siempre bajo el calor del liderazgo incuestionable que ejerce Cristina, la Cámpora vuelve a colocarse en el centro del tablero político.
Se diría que para el proyecto es imprescindible además que Cristina pretenda tener un bloque de diputados orgánicos y ultraverticalistas en un eventual gobierno de Alberto Fernández. Al elegir a su ex jefe de gabinete y crítico de su segunda gestión y si al mismo tiempo regresa al PJ de dónde se fue sin que la echaran, Cristina está corriendo el proyecto al centro. Alberto es un dirigente del centro político, centro centro. Es consecuente que CFK rearme la Cámpora como contrapeso en el Congreso.
El armado en una cabina telefónica
Con la misma lógica, en Juntos por el Cambio, a la hora del armado de listas la lapicera quedó en la mesa chica de PRO. El jefe de Gabinete Marcos Peña , la gobernadora María Vidal y el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta fueron quienes definieron las listas del oficialismo en los principales distritos, con la supervisión del Presidente.
Como en el peronismo, ese esquema de decisión dejó heridos. El “ala política” de Pro salió noqueado del cierre de listas de estas elecciones. Fue un golpe duro el que sufrieron Emilio Monzó y Rogelio Frigerio, sobre todo con el armado de la provincia de Buenos Aires, según admitían ayer ganadores y perdedores. Ni siquiera la llegada de Miguel Pichetto pudo reivindicar al trabajo político que hicieron.
Dos caras de la misma lógica
Revisar en las redes los títulos de diarios y portales referidos al cierre de las listas, es desgarrador porque deja en evidencia la crisis de la representación política. Vidal dejó afuera a representantes territoriales y sectoriales, desde un bunker inexpugnable a las demandas desde abajo. Del mismo modo, CFK y sus operadores de La Cámpora, desde el Instituto Patria, dejaron afuera expresiones del movimiento obrero y del empresariado Pymes. ¿Quién reemplazará la voz del industrialismo del Vasco Mendiguren?. Desde el Instituto y no desde el PJ los operadores del kirchnerismo hicieron un barrido telefónico o mejor dicho desde mensajes de Wahtssap para controlar las listas de candidatos en las provincias.
Apelaron a todo. Ante el aislamiento en que había quedado aquí en Misiones la candidata del Frente de Todos, Cristina Brítez, a la que no alcanzaba con el dedo de Máximo, tuvo que intervenir Alberto Fernández para persuadir a Cacho Bárbaro a que resigne sus mandatos de base y acepte ser segundo en la lista. De buen modo, pidiéndole ayuda, más que ordenando, Alberto logró que el Pays renuncie al protagonismo que se ganó en las urnas y ahora sume sus votos y su militancia a la boleta oficial del FdT.
Desde arriba o desde abajo
La teoría política todavía no se pone de acuerdo en responder al interrogante de por qué hubo una revolución en Francia en 1789 y no otros países con el mismo cuadro de crisis social, económica y de desprestigio del absolutismo real.
Hoy, después de muchos años de condena académica al stalinismo, la distancia histórica permite abrir interrogantes sobre la viabilidad de los cambios estructurales que convirtieron a una Rusia atrasada y agraria en una potencia industrial sin la suma del poder en el Kremlin.
Pero hoy se sabe que la Francia revolucionaria perdió al pueblo para consagrar a la burguesía y que la caída del Muro anunciada por Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci, se produjo porque el éxito de las reformas no fue acompañado por la transformación de las subjetividades. De la creación de conciencia, lo que se libra en batallas culturales.
Del mismo modo, las dos grandes transformaciones socio económicas de la Argentina registradas en el siglo XX, tanto el yrigoyenismo como el peronismo, así como consolidaron cambios y fundamentalmente la inclusión de actores antes relegados en la política, con todos sus logros decíamos, dejaron a provincias como la nuestra en la periferia de la modernización y condenadas a suministrar mano de obra y materia prima baratas a los centros urbanos.
Esos cambios operados por un Estado nacional irradiando desde el centro los sentidos de las luchas populares tuvieron el mismo límite que tiene la lógica del derrame en economía. La riqueza, con Yrigoyen y Perón, se concentraban cada vez más en Buenos Aires, y el poder se fue asentando alrededor de las 25 manzanas de la Casa Rosada, como decía Arturo Illia.
Eso no dura. Los ciclos nacionales y neoliberales que se turnan en la Casa Rosada, ya mostraron su debilidad congénita.
Es el contexto que explica el documento firmado por Rovira, Passalacqua y Herrera Ahuad cuando precisan: que “el Frente Renovador anhela y trabaja por un país unido, sin heridas entre los argentinos y desde esa concepción, siendo coherentes y leales con la palabra, se pondrá a disposición de la gente una alternativa pura y misionerista, sin permitir la contaminación de disputas que son ajenas a la tierra colorada”.
Jugar fuera de la grieta no es ignorar las diferencias en lo proyecto F y M ni sólo situarse fuera de la guerra de la antipolítica. Jugar fuera de la grieta es considerar que los ciclos argentinos, que ese péndulo del neoliberalismo al populismo, que las opciones, como las de campo o industria, consumo interno o exportaciones, son falsas alternativas.
Hay otro abordaje de las tensiones históricas de la Argentina: desde las provincias. La reconstrucción de un federalismo auténtico se asimila a la construcción desde abajo que al ser orgánica garantiza la durabilidad que no tienen los gobiernos nacionales.  La legalidad, no se inventa desde arriba hacia abajo, con el dedo de Buenos Aires, se construye desde la profundidad de la Argentina.
Candidatos independientes
Es la construcción que propone la Renovación con candidatos independientes de los mandatos nacionales en las elecciones de agosto y octubre.
Por eso decir “boleta corta” es ilustrativo, pero no explica el fondo de lo que está en juego.
Hubiera sido fácil para la Renovación con los 500 mil votos de respaldo colgarse de la boleta de los Fernández. Se sabe que en elecciones presidenciales los candidatos “arrastran” a los candidatos que van colgados de sus boletas. La decisión de postular candidatos a diputados nacionales sin sumarse a la boleta sábana, tiene el riesgo del elector en el cuarto oscuro habituado a colocar en el sobre una sola lista, pero implica un verdadero desafío ligado a la construcción del ideario misionerista, batalla que no se libra en los bolsillos sino desde las convicciones, la conciencia y las identidades.
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